TESINA

“Evaluación de la toxicidad y efectos subletales de Isocycloseram, una nueva molécula insecticida, sobre Spodoptera eridania (Lepidoptera: Noctuidae).”

Alumno: Luxen, Elian Osiris Agustín
Director: Lutz, Alejandra

RESUMEN
El cultivo de soja en Argentina
La soja (Glycine max (L.) Merr.) es una especie leguminosa de importancia económica que se cultiva en todo el mundo, reconocida por sus valores nutricionales y medicinales (Shurtleff & Aoyagi, 2021). La semilla de soja contiene aproximadamente 40% de proteína y 20% de aceite, siendo una de las principales fuentes de proteínas tanto para la alimentación humana como para ganado y peces (Boerma, 2004). Además, es un recurso renovable y sostenible que se utiliza en la producción de biocombustibles (Woyann et al., 2019). El uso de esta especie con fines forrajeros no es una novedad en países como EE. UU. o Canadá donde el cultivo tiene un largo historial utilizándose para silaje o heno. Si bien el 80% de la producción se concentra en tres países, el 30% de la producción mundial se consume en China, convirtiéndose en el mayor importador de soja del mundo (Hart, 2017).
En Sudamérica, durante la década del ́70, el cultivo de la soja era solo experimental, pero en las últimas décadas la producción ha tenido un incremento sostenido tanto en Argentina como en Brasil, Paraguay y Uruguay, ocupando nuestro país el tercer puesto como productor mundial, después de Estados Unidos y Brasil. En la campaña 2021/2022 se sembraron 16,2 millones de hectáreas en Argentina, con una producción de 42,2 millones de toneladas (Rodriguez, 2021).
El complejo oleaginoso, en el que se incluye la soja y sus subproductos (poroto de soja, aceite, harina, pellets de soja y biodiésel), es el más importante del país, alcanzando un volumen de exportación de casi 12000 millones de dólares en 2022 (INDEC, 2023). Diversos factores contribuyeron a la expansión de la superficie cultivada con soja en nuestro país. Entre los más relevantes se destacan la incorporación de nuevas áreas productivas, la disponibilidad de semillas genéticamente modificadas (GM) resistentes a herbicidas y a insectos, la existencia de marcos regulatorios de bioseguridad consolidados y la simplificación del manejo en sistemas de siembra directa. Este último aspecto facilitó su utilización como cultivo de segunda cosecha posterior al trigo de invierno. Asimismo, el interés de los productores por adoptar tecnologías
innovadoras, junto con la mayor rentabilidad y el menor riesgo asociados a la practicidad y flexibilidad del manejo del cultivo GM, impulsaron su rápida adopción (Rocha & Villalobos, 2012). En el cultivo de soja, múltiples factores bióticos pueden afectar significativamente el rendimiento y la calidad del grano.

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