PRÁCTICA PROFESIONAL AGRONÓMICA

“Manejo de riego suplementario en el cultivo de algodón, Gossypium hirsutum, en el noreste santafesino”.

Alumno: TORANZA SCHIAVI, Juan Pablo
Tutor Interno: PhD BAUDRACCO, Javier
Tutor Externo: Ing. Agr. BREGA, Mauricio

INTRODUCCIÓN

La lechería constituye una actividad agropecuaria de gran relevancia dentro del entramado productivo argentino, tanto por su contribución al Producto Bruto Interno como por su generación de empleo, arraigo territorial y agregado de valor en origen. Tradicionalmente concentrada en la región pampeana, especialmente en la Cuenca Lechera Central, el sector ha experimentado transformaciones asociadas a avances tecnológicos, cambios en políticas sectoriales y variaciones del mercado nacional e internacional (Lazzarini et al., 2019).
Entre el 65% y el 70% de la producción nacional de leche proviene de vacas alimentadas predominantemente con pasturas, siendo la alfalfa (Medicago sativa L.) la especie base en la mayoría de los sistemas pastoriles (Engler et al., 2022).
Los sistemas agropecuarios enfrentan desafíos estructurales y ambientales tales como degradación del suelo, pérdida de fertilidad y biodiversidad, creciente dependencia de insumos externos, variabilidad climática y presión económica sobre los productores (Tilman et al., 2002). El pastoreo regenerativo ha emergido como una alternativa sostenible frente a
los métodos convencionales de pastoreo (Schreefel et al., 2022). Este enfoque no solo busca maximizar la producción de forraje, sino también mejorar la salud del ecosistema, favoreciendo la biodiversidad y la regeneración del suelo a través de la formación de mantillo de cobertura (Montesino y Vergara, 2020).
La gestión del pastoreo influye directamente sobre la productividad, persistencia y calidad nutritiva de la alfalfa. Estudios previos han demostrado que la acumulación térmica determina momentos óptimos de utilización de la pastura. La alfalfa alcanza el estado de botón floral alrededor de los 550 grados día de crecimiento (GDC) y aproximadamente 10 % de floración a los 600 GDC. La senescencia foliar comienza a ser significativa alrededor de los 330 GDC (Moot et al., 2003; Sardiña et al., 2017). Se propone que, para compatibilizar producción y calidad nutritiva, el ingreso al pastoreo debería realizarse entre 300 y 400 GDC (8–10 nudos) en primavera-verano, mientras que en otoño podría retrasarse hasta 550 GDC.
Este esquema dio origen al manejo con defoliación temprana (defoliación a 8–10 nudos), el cual no comprometería la persistencia siempre que exista un adecuado descanso otoñal (Moot et al., 2003).
En contraposición, enfoques de manejo regenerativo proponen mayores tiempos de descanso, menor frecuencia de defoliación (14–16 nudos) y mayor biomasa remanente, con el objetivo de favorecer cobertura del suelo, actividad biológica y procesos ecológicos (Gosnell et al.,2020; Schreefel et al., 2022). No obstante, un mayor intervalo entre pastoreos podría afectar la calidad del forraje, reduciendo proteína bruta (PB), energía metabolizable (EM) y modificando el contenido de fibra detergente neutra (FDN) (Van Soest, 1994).
Surge entonces el interrogante respecto a si el posible aumento de biomasa en manejos con mayor descanso compensa eventuales disminuciones en calidad y eficiencia de cosecha. A su vez, si la frecuencia de defoliación afecta la producción y la calidad de la pastura, esto tendrá consecuencias en la producción de leche en el sistema.

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