TESINA

“Efecto de diferentes grupos de madurez, espaciamientos y fechas de siembra sobre la productividad del cultivo de soja en el centro oeste de Santa Fe”

Alumno: RAINERI Guillermo Andrés.
Director: Ing. Agr. (Dr.) IMVINKELRIED Horacio.
Co-director: Ing. Agr. (M. Sc.) ZUIL Sebastián.

INTRODUCCIÓN

La soja es el principal cultivo oleaginoso agrícola de la Argentina y de Santa Fe.
Durante la campaña 2022/23, la superficie sembrada a nivel nacional fue de casi 16 millones de hectáreas con un rendimiento promedio de 1744 kg ha-1 (SIIA, 2023). En Santa Fe, la superficie sembrada fue de 2.873.207 hectáreas, con un rendimiento de 1549 kg ha-1, siendo el rendimiento promedio de los últimos 10 años en Argentina y en Santa Fe de 2802 kg ha-1 y 2990 kg ha-1, respectivamente (SIIA, 2023). Este descenso en el rendimiento durante la campaña 2022/23 estuvo fuertemente asociado a la marcada falta de agua que afectó al cultivo en el período de determinación del rendimiento, particularmente durante el llenado de granos, lo que limitó la acumulación de biomasa y la capacidad de fijación de vainas y granos (Civale et al., 2023). En cuanto a la superficie sembrada por departamento de la provincia de Santa Fe, Castellanos se ubicó en segundo lugar, después de General López, con 306.328 hectáreas. Asimismo, Castellanos fue el segundo departamento, con un rendimiento promedio de 2.243 kg ha-1(SIIA, 2023).
En un sistema eficiente de producción de granos de soja, uno de los objetivos fundamentales es lograr una expresión fenotípica de los caracteres de interés de manera de maximizar el rendimiento (Van Ittersum & Rabbinge, 1997). Esto estará determinado por efectos atribuibles al ambiente (A), al genotipo (G) y a la interacción entre el genotipo y el ambiente (G*A). En cuanto al genotipo de soja la elección del grupo de madurez a utilizar es clave para asegurar la máxima producción. Por otro lado, la correcta elección de prácticas de manejo, dentro de las cuales fecha de siembra es la principal, permitirá maximizar la capacidad del cultivo para interceptar la radiación incidente y asimilar el CO2 atmosférico, como también las condiciones nutricionales e hídricas, durante la campaña (Van Ittersum & Rabbinge, 1997).
El cultivo de soja se clasifica según su sensibilidad al fotoperiodo en diferentes grupos de madurez. Para un determinado genotipo, la duración de un periodo o fase fenológica está regulado por la temperatura y el fotoperiodo (Cober et al., 2004; Jiang et al., 2014). En base a la respuesta al fotoperiodo, la soja se clasifica en 13 grupos de madurez (GM), que van desde 0 a 10 (desde menor a mayor sensibilidad fotoperiódica) y, cada uno, está recomendado para una determinada latitud y fecha de siembra (Salmeron et al., 2014; Di Mauro et al., 2022).
Por otro lado, la fecha de siembra es clave para el rendimiento de la soja, ya que modifica la radiación solar durante el periodo crítico para el número de granos. Además, diferencias en fechas de siembra modifican la duración de cada fase de desarrollo por variaciones en el fotoperiodo. En general, las siembras tempranas producen mayores rendimientos que las siembras tardías ya que permiten acumular más materia seca. No obstante, la fecha de siembra óptima depende de la región y del grupo de madurez de soja utilizado. En la zona central de Santa Fe, la fecha de siembra óptima de soja está comprendida entre mediados de noviembre y mediados de diciembre para todos los grupos de madurez. Por otro lado, los GM que presentan mayores rendimientos, están comprendidos entre V largo y VI cortos (Zuil, 2022).
El distanciamiento entre surcos es otro factor importante que puede afectar el rendimiento de la soja. En general, los distanciamientos más estrechos (52 cm entre surco) producen mayores rendimientos que los distanciamientos más anchos (70 cm). Los distanciamientos más estrechos permiten que las plantas de soja crezcan más juntas, lo que aumenta la competencia por la luz, agua y nutrientes. Esto conduce a un mayor desarrollo de las plantas y rendimiento. Sin embargo, también pueden aumentar el riesgo de enfermedades y plagas. Las plantas de soja que crecen más juntas son más susceptibles a la propagación de enfermedades y plagas (Satorre et al., 2003). Actualmente, se trata de reducir aún más el distanciamiento entre surcos (DES) como estrategia de lucha contra malezas resistentes, ya que un espaciamiento más estrecho favorece un cierre del dosel más rápido y hace que el cultivo de soja compita mejor contra las malezas por luz y otros recursos, lo cual puede disminuir la presión de malezas problemáticas (Maleza en Foco, 2025). Además, a igual densidad de plantas, un menor distanciamiento entre surcos favorece un cierre más temprano del canopeo, lo que reduce la evaporación directa del suelo y mejora la eficiencia en el uso del agua, especialmente en ambientes con limitaciones hídricas (Rodríguez et al., 2015). Pero, a su vez, el uso de distanciamientos entre surcos más estrechos puede inducir cambios en la arquitectura de las plantas, observándose variaciones en altura, número de ramas, altura de 1° vaina y distribución de vainas, como resultado de una mayor competencia temprana por luz y espacio dentro del cultivo (Rodríguez et al., 2015).
Si bien es conocido el efecto de las fechas de siembra y el comportamiento productivo de sojas de diferentes grupos de madurez, aún no está claro el efecto de reducciones de distanciamientos entre surcos en la interacción FS y GM.

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