TESINA

“Evaluación de impacto ambiental de fitosanitarios en el cultivo de arroz en Santa Fe utilizando diferentes índices”

Alumno: Viola, Juan Manuel
Directora: Scotta, Roberto
Co-director/a
: Daniel A., Grenón

RESUMEN

El arroz (Oryza sativa) es el alimento primordial en muchas culturas, constituyendo la base alimentaria de más de un tercio de la población mundial, se cultiva y consume en los cinco continentes y además se vislumbra que su demanda progresará a mayor velocidad que su oferta (De Bernardi, 2020). Es el cuarto cultivo de mayor producción a nivel mundial, 516 millones de toneladas de arroz elaborado, (FAO, 2023) representando el 7% del comercio mundial de granos, luego de la soja, del trigo y del maíz (Ministerio de Economía Argentina, 2023).

La producción de arroz en Argentina representa entre 5 y 6 % de la producción mundial, siendo una economía regional en el litoral, concentrándose en las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Chaco, Formosa y Misiones. El 50% de la producción corresponde a la provincia de Corrientes, el 32% a Entre Ríos y el 13% a Santa Fe, el resto se distribuye entre Chaco, Formosa y Misiones. Actualmente nuestro país dedica a este cultivo 235 mil hectáreas que permiten obtener 1,6 millones de toneladas anuales (Blengino, 2020).

La actividad arrocera en la provincia de Santa Fe, en los departamentos San Javier y Garay, ocupa una superficie de unas 29.500 hectáreas en la campaña 2023/2024, está proyectada a aumentar entre un 5% y un 10% en la campaña 2024/2025. Esta producción se destina mayormente a 12 molinos arroceros, 11 de los cuales se encuentran a lo largo de la ruta provincial N° 1, y uno en la localidad de Franck, el más grande de la zona. Estos molinos industrializan entre el 70% y el 80% de la producción de arroz cáscara de la provincia, que alcanza las 150.000 toneladas anuales. El cultivo en esta provincia ha ido adquiriendo gran importancia debido a la disponibilidad de tierras y fundamentalmente de agua, cuya calidad y cantidad es excelente y de fácil extracción desde brazos del río Paraná (Ayala, 2024).

El manejo fitosanitario tiene como propósito proteger el cultivo de arroz de plagas, enfermedades y malezas, asegurando así la producción y la calidad del grano. Un manejo adecuado ayuda a reducir pérdidas económicas y mantener la estabilidad del suministro de alimentos. Las malezas son una de las principales restricciones biológicas del cultivo de arroz, debido a que compiten con el mismo por luz, agua y nutrientes, constituyéndose una de las principales limitantes de la productividad. Durante los últimos años, se han observado que los controles sobre ciertas malezas se han vuelto menos eficientes, debido a la aplicación reiterada de herbicidas que actúan en el mismo sitio de acción, ejerciendo una alta presión de selección y favoreciendo la multiplicación de los individuos tolerantes o resistentes (Fischer y Bernal, 2005).

Entre los herbicidas más utilizados, se encuentran los que actúan inhibiendo la enzima aceto lactato sintetasa (ALS), como ser las imidazolinonas empleadas en arroz con tecnología Clear – field.

El arroz bajo riego genera un ambiente propicio para el desarrollo de diversas plagas insectiles, las más comunes pertenecen a los órdenes Hemíptera, Coleóptera, Lepidóptera, Ortóptera y Díptera, estas son favorecidas por la alta densidad de plantas, las condiciones climáticas y el manejo del cultivo, pueden causar pérdidas de hasta un 40 % de la producción. Las principales enfermedades que por incidencia y prevalencia afectan al cultivo de arroz son Tizón (Pyricularia oryzae), Escaldadura de la hoja (Microdochium oryzae), Manchado del grano (complejo causado de hongos y bacterias), Podredumbre del tallo (Sclerotium oryzae) y Manchado de vainas foliares (Rhizoctonia spp.), (Burdyn et al, 2016).

El volumen de plaguicidas utilizados en el cultivo de arroz en Argentina varía año tras año y depende de factores como las condiciones climáticas, la prevalencia de plagas y las regulaciones vigentes. (Montoya et al, 2023). Los Herbicidas son los más empleados y se estima que en promedio representan el 75% del total de fitosanitarios aplicados en el cultivo, seguidos por los insecticidas y en menor proporción los fungicidas (Marin, 2012). Los fitosanitarios registrados para el cultivo de arroz en Argentina según su principio activo y momento de aplicación son: Herbicidas post-emergentes (fenoxaprop- etil, cyhalofop butil, profoxidim, setoxidim, bispiribac sódico, penoxulam, propanil, bentazon, 2,4 – D, M.C.P.A., quinclorac y dicamba), pre y post- emergentes (halosulfuron metil, imazapic, imazapir y clomazone), pre- emergente (pendimetalin), pre- siembra (glifosato) y desecante y defoliante (paraquat y glufosinato de amonio). Insecticidas: esfenvalerato, gammacialotrina, lambdacialotrina y deltametrina. Fungicidas: benomil, tiabendazol, carbendazim, kresoxim metil, azoxistrobina, kasugamicina, epoxiconazole, tebuconazole, mancozeb y tiram (Burdyn et al, 2016; CASAFE, 2017).

El uso de agroquímicos en el cultivo arroz, ha aumentado en las últimas décadas, cuya eficiencia tanto de los fertilizantes químicos como la de los plaguicidas es muy baja, lo cual ocasiona que se utilice mayor cantidad de insumos para mantener altos niveles de producción, afectando los agroecosistemas, manifestándose principalmente en la pérdida de productividad de los suelos, alteración de la calidad de los productos agrícolas, contaminación del ambiente y problemas de salud en la población, e incrementos de los costos de producción (Rojas Sierra y Moreno- Sarmiento,

2008). Los residuos de herbicidas, insecticidas y fungicidas permanecen en el suelo, algunos productos por muchos años, causando efectos perjudiciales para los microorganismos del suelo y su actividad, lo que produce la modificación de los procesos biológicos esenciales para los cultivos (Gómez y Kleiner 2020). En este contexto es necesario conocer el impacto ambiental del uso de plaguicidas en el cultivo de arroz, mediante metodologías que combinen simplicidad y congruencia.

Existen actualmente numerosos índices en uso a nivel mundial y cuyo fin es evaluar el impacto derivado del uso de los pesticidas en diferentes cultivos agrícolas (Chamorro, 2017).

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